El yacimiento de O Castro, la villa romana de Toralla o la concatedral de Santa María brillan con intensidad en el patrimonio histórico vigués. Ninguno de estos monumentos, sin embargo, puede competir en importancia con el castillo de San Sebastián, del cual se conservan únicamente sus ruinas: la entrada, los muros del lado norte y las garitas de vigilancia, principalmente. Pero ¿por qué esta fortaleza barroca figura entre los destinos más interesantes que ver en Vigo?
Situado a espaldas del edificio del Ayuntamiento, el castillo de San Sebastián se yergue en el punto más elevado del Monte do Castro. Su construcción se remonta al siglo diecisiete, cuando las fuerzas inglesas y portuguesas amenazaban la ciudad en el contexto de la Guerra de Restauración lusa.
Obra de los coroneles Carlos y Fernando de Grunemberg y del ingeniero Juan Villarroel y Prado, esta edificación mostraba en origen una planta estrellada, solución que gozaba de prestigio durante el Barroco. Aunque cueste imaginarlo por sus restos, esta fortaleza abarcaba casi seis mil metros cuadrados de superficie.
Erigido por Felipe IV, este castillo se alzaba sobre una antigua ermita, consagrada al mártir Sebastián de Milán. Existieron túneles ocultos en su interior que comunicaban esta fortaleza con la de Castro, y algunos de ellos pueden visitarse en la actualidad.
Poco se conserva de la obra original. Destacan sus baluartes y garitas, probablemente lo más fotografiado del castillo, que ha recibido multitud de usos en los últimos siglos: hospital, refugio ganadero, cuartel militar, etcétera.
Parte de su antiguo recinto está ocupado hoy por el Palacio Consistorial que alberga el nuevo ayuntamiento. Sin duda la mejor forma de profundizar en su historia y relevancia cultural es recorrerlo en persona a través de tours y visitas guiadas. También es un pretexto excelente para descubrir la cercana fortaleza de O Castro y el resto del Casco Vello.